por Lama Gendyn Rinpoche
El
Lama Gendyn nació en Tíbet. Como muchos otros, salió de su país cuando
los chinos lo invadieron. Reconocido como un meditador que pasó largos
años en retiro tanto en Tíbet como en India, fue invitado a la Dordoña
en los años setenta para enseñar meditación a los occidentales
interesados. Desde ese entonces ha hecho de Francia su hogar y en el
momento presente se encuentra totalmente dedicado a guiar a sus
estudiantes durante los retiros de tres años que se realizan en sus
siete centros en Auvergne.
El texto en el que esta enseñanza se basa es un trabajo de Chagme Rinpoche, un estudioso y experimentado lama del siglo XVII.
Aquellos
que practican el vajrayana, las enseñanzas tántricas secretas, tienen
un compromiso sagrado de no rechazar las emociones del apego, la ira,
la ignorancia, el orgullo y la envidia o los celos. La razón para que
esto sea así tiene que ver con que si las rechazan, nunca tendrán la
posibilidad de descubrir su sabiduría intrínseca. Al abandonar los
cinco venenos, abandonamos, al mismo tiempo, cualquier posibilidad de
realizar las cinco sabidurías, puesto que ellas se encuentran en el
mismo lugar de las emociones. Esa es la razón por la cual, cuando nos
comprometemos con las prácticas tántricas, debemos trabajar con los
diferentes objetos que dan surgimiento a las reacciones emocionales.
Los objetos mismos del apego, el odio, etc., se convierten en los
medios para la liberación de los conflictos emocionales. En términos
prácticos, esto significa que cuando uno de los cinco venenos aparece
en la mente, tenemos que mirar directamente su esencia hasta entender
que en verdad no tiene una existencia real.
Percepción, emoción y sabiduría
Las
emociones aparecen debido a las condiciones creadas por nuestra mente
confusa. Nuestra consciencia fundamental, que en el momento presente se
encuentra en un estado de total ignorancia, proyecta a partir de sí la
idea de un mundo experimentado por medio de los cinco sentidos, los
cinco órganos de los sentidos y sus relaciones activas con los objetos
externos. Debido a nuestros hábitos previos, la mente proyecta imágenes
que considera separadas de ella misma. Entonces, éstas se convierten en
formas que actúan como objetos para la vista, sonidos para el oído, y
así sucesivamente. La presencia de estos objetos aparentemente
independientes hace que la mente se perturbe, permitiendo la aparición
de las emociones. Por ejemplo, cuando nuestros ojos ven una forma, la
cosa no se queda ahí: inmediatamente reaccionamos frente a ella. Cuando
la forma nos parece agradable, nos sentimos atraídos. Si la encontramos
desagradable o repulsiva, la rechazamos y queremos alejarnos. Lo mismo
aplica a toda la información sensorial, es decir, a todo lo que oímos,
olemos, probamos o tocamos.
Las
reacciones antes descritas reciben el nombre de los tres venenos. A
ellas se adicionan la reacción de considerar nuestra experiencia como
predominante (orgullo) y la de juzgar nuestra posición en relación con
el objeto percibido (envidia, celos). Estos son los cinco venenos. La
palabra veneno se utiliza porque estas reacciones envenenan nuestra
mente y evitan la aparición de su sabiduría intrínseca.
Al
leer las instrucciones de Chagme Rinpoche, tal como las expresa Lama
Gendun, debemos entender cada palabra que utiliza para referirse a las
cinco emociones en su sentido más amplio. Si no lo hacemos nos
resultará imposible aprehender el significado profundo de sus
enseñanzas.
Cada
vez que los órganos de los sentidos entran en funcionamiento deberíamos
mirar directamente la esencia real de lo que está sucediendo.
Gradualmente llegaremos a ver que el objeto que estamos percibiendo no
es más que la mente trabajando. El objeto es la mente, no se diferencia
de ella y, por lo tanto, no hay necesidad de crear ninguna dualidad
artificial manteniendo una distinción clara entre sujeto y objeto. Si
miramos la esencia de esta carencia de dualidad, la verdadera
naturaleza del objeto y de la mente que lo percibe, descubriremos la
esencia misma de la mente.
Esta
percepción de la esencia de la mente tiene lugar cuando todos los
pensamientos previos se han detenido y el siguiente pensamiento aún no
ha aparecido. La mente se encuentra en el presente espontáneo, su
propia realidad. Es la mente la que ve su propia esencia y es a esto a
lo que le damos el nombre de sabiduría primordial. Su presencia,
entonces, aclara las emociones atómicamente. Es como encender una vela
en un cuarto oscuro: tan pronto como la luz se hace presente, la
oscuridad desaparece por sí sola. En forma similar, el simple hecho de
que la sabiduría esté en la mente hace que las emociones se desvanezcan
por completo.
Si
tenemos éxito en meditar así, en ese mismo instante veremos la
sabiduría inherente a cada emoción y, por ende, nos liberamos de su
aspecto negativo. Esto es lo que se conoce como la aparición y la
liberación simultánea de las emociones. Cada uno de los cinco venenos
se reconoce como una de las cinco sabidurías. Sí, por el contrario, no
logramos ver el aspecto de sabiduría del evento que está teniendo lugar
en la mente, una vez más quedamos atrapados en la dualidad. Seguimos el
pensamiento, nos dejamos influenciar por él y empezamos a reaccionar
ante el objeto aceptándolo o rechazándolo, hasta que la mente queda
invadida por la confusión y las emociones y terminamos teniendo que
experimentar el sufrimiento que sigue.
Dice
en el texto que si renunciamos a los cinco venenos será imposible
encontrar la sabiduría. La actividad de las emociones es la actividad
de la mente. Cada emoción que aparece no es más que la mente misma en
acción y, por lo tanto, si rechazamos las emociones estamos rechazando,
al mismo tiempo, la mente. Sólo a través de su actividad descubrimos la
actividad de la sabiduría y, entonces, al rechazar la actividad
emocional de la mente, rechazamos la posibilidad de encontrar su
actividad de sabiduría. Esto nunca nos llevará a realizar la realidad
última de la mente.
Advertencia
Abandonar
los cinco venenos es un camino menos directo a la iluminación. Es el
camino que siguen los sravakas (practicantes realizados del camino
hinayana). Sin embargo, ver la verdadera naturaleza de las emociones en
la medida en que se presentan no es una tarea fácil. Si solamente nos
permitimos mirar las emociones que aparecen en nuestra mente, una
detrás de la otra, en la forma usual, no somos diferentes de lo que
éramos antes. Nada ha cambiado. Si de verdad gozamos con nuestras
emociones, incrementando deliberadamente su fuerza hasta que nos
intoxican completamente, nos estaremos comportando como alguien poseído
y, en consecuencia, acumularemos el karma de un demonio.
También
puede suceder que nos convirtamos en ese tipo de personas que cada vez
se sienten más orgullosas de su habilidad para lidiar con las
emociones. Puesto que su entendimiento no se ha desarrollado
plenamente, incrementan el poder de las emociones. Entre más fuertes se
vuelven, más grande se hace su orgullo. Y las cosas no paran ahí. Pese
a no estar libres de confusiones emocionales, estas personas sostiene
que sí lo están y se autoerigen en ejemplos para otros. Motivadas por
un gran orgullo, buscan hacer crecer su reputación, que las reconozcan
como importantes y famosas por su "adecuado" manejo de las emociones.
Cada vez más confusas, acumulan un karma que crece cada instante en
negatividad.
Un buda para cada emoción
Si
logramos mirar directamente la realidad de cada uno de los cinco
venenos, en la medida en que aparecen, reconoceremos que no son otra
cosa que las cinco sabidurías. En el veneno de la ira y el odio
percibiremos la sabiduría como espejo que corresponde al Buda Dorje
Sempa. Mirando directamente la naturaleza del orgullo, encontraremos la
sabiduría de la igualdad y al Buda Ratnasambhava. En la naturaleza del
deseo descubriremos la sabiduría discriminativa y al Buda Amithaba. Si
miramos los celos y la envidia, veremos la sabiduría que todo lo logra
y al Buda Amoghasiddhi. Y si miramos la ignorancia, encontraremos la
sabiduría del dharmahatu y al Buda Vairocana.
Estos
Budas también corresponden a las diferentes energías elementales del
cuerpo, cada una de las cuales está asociada con una emoción. Ver a
través de las emociones produce no sólo la realización de un aspecto de
la sabiduría sino que transforma el elemento correspondiente en el
cuerpo, en cada uno de los cinco Budas. En el vajrayana no abandonamos
las emociones. Simplemente miramos su naturaleza o esencia, a partir de
lo cual éstas se transforman automáticamente en las cinco sabidurías y,
espontáneamente, generamos las mentes de los cinco Budas arquetípicos.
Este tipo de práctica la emplean quienes meditan de acuerdo con la
tradición del mahamudra o el dzogchen.
Un remedio para todas las enfermedades
Mirar
directamente la esencia o naturaleza de una emoción es un método que
puede aplicarse en todos los casos, de la misma manera en que podemos
utilizar una sola medicina para curar cien enfermedades.
El
practicante con grandes habilidades utilizará este método para "inflar"
las emociones en el instante en que alguna de ellas aparezca en la
mente. Esto equivale a arrojar una diminuta chispa de fuego en un
montón de heno seco: inmediatamente se encenderá y será completamente
destruido. Aunque la chispa original es pequeña, puede quemar cualquier
cantidad de heno. De la misma forma, una pequeña chispa de sabiduría
puede quemar toda la confusión de la mente y las emociones asociadas
con ella, hasta que lo único que queda en la mente es realidad última.
Aquellos
practicantes de medianas capacidades deben utilizar este método de la
siguiente manera: tan pronto como una emoción aparezca en la mente en
el momento de la meditación, deben examinarla directamente, con una
mirada desprovista de cualquier revestimiento. La emoción se calmará
inmediatamente y perderá poder sobre el practicante. Se dice que este
proceso equivale a reconocer la no dualidad del agua y las olas. En la
superficie del mar se pueden ver muchas olas de diversos tamaños y
formas. Sin embargo, el contenido de las olas es la misma agua del mar.
En realidad no hay distinción entre las olas y el agua. De igual forma,
todas las emociones que aparecen en la mente no son otra cosa que la
mente misma. Por lo tanto, no hay razón para que debamos rechazar la
emoción o para que la consideremos diferente a la mente. El practicante
promedio podrá entender esto y, al experimentar directamente el hecho
de que las emociones son simplemente la mente, éstas se calmarán por su
propia cuenta.
El
practicante de capacidades ordinarias podrá hacerse consciente de la
emoción en el momento en que ésta aparece en la mente. No deberá
involucrarse en la emoción y dejarse tomar por ella que es lo que
usualmente sucede. Es como alguien loco que de pronto recupera el
juicio; libre de su locura, su consciencia ordinaria regresa. En forma
similar, tan pronto como esta persona se da cuenta de la presencia de
una emoción, aplica la práctica que considere apropiada en ese momento
y circunstancias. Ser conscientes de la emoción, incluso de manera
parcial, aunque no nos libera nos da el punto de arranque para la
aplicación posterior de otros enfoques para trabajar con las emociones.
Para
nosotros es difícil considerar la ignorancia como una emoción, pero si
pensamos cuidadosamente, podemos ser influenciados por la ignorancia
como por el deseo y la ira. La ignorancia no es algo neutral sin
efectos o consecuencias, es un estado definido de la mente que hace que
actuamos en una forma determinada.
La
ignorancia ocurre cuando no somos capaces de ver las cosas como
realmente son. Esta incapacidad de reconocer lo que está sucediendo
puede ser consciente o inconsciente: unas veces se presenta como
inocencia y otras como indiferencia, es decir, no querer ver
deliberadamente lo que está pasando. Puede involucrar factores como una
confusión general acerca de lo que está ocurriendo o la formación de
visiones totalmente erradas. También tiene que ver con el apego. La
ignorancia a veces puede ser muy cómoda ("la ignorancia es una
bendición", dicen) Si nos miramos de cerca podemos encontrar estas
actitudes en gran cantidad de nuestros comportamientos. Desde el punto
de vista budista, la ignorancia nada tiene que ver con la inocencia o
la bienaventuranza. Por el contrario, es la causa principal de nuestro
sufrimiento y por ello es que se incluye de forma explícita entre los
cinco venenos.
La
Dordoña , Francia, verano de 1990. Fragmento del libro Cambio de
expresión: trabajar con las emociones. Traducción al español: Miriam
Cotes Benítez
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